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"En cada soplo de aire, en cada rayo de luz, ante cualquier perspectiva bella, rozamos la orla, vemos agitarse la túnica de quienes contemplan a Dios cara a cara" Cardenal John Henry Newman

lunes, 23 de diciembre de 2013

El Universo hecho arte: Judy Schmidt

La artista Judy Schmidt ha aprovechado las fotografias hechas por el telescopio espacial Hubble para dar un tratamiento artístico a la imagen de diversas nebulosas. Su página web incluye una impresionante galería de estas obras.
 




Hubble Legacy Archive Processing

Geckzilla. Art by Judy Schmidt

jueves, 11 de octubre de 2012

Cafca. Lotte



Cafca, de Lotte: el anuncio con el que los bebés dejan de llorar

Los pequeños amparados de la Iglesia de San Bartolomé


  Es uno de mis rincones preferidos de lo que llamo belleza recóndita. Son los dos niños pequeños protegidos bajo el manto de la Virgen de los Desamparados en la Iglesia Colegiata de San Bartolomé, en Valencia. Tardé en descubrirlos, porque pasan relativamente desapercibidos en la imagen de María, ja que apenas miden 50 centímetros.

Me llama la atención no sólo su posición implorante de amparo, sino sus rostros, de una ternura y una piedad cautivadoras que sólo pueden ser apreciadas si nos ponemos a los pies de la Virgen.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Earthscapes: cuando el paisaje es arte


  El paisaje que habitamos forma a menudo una imagen artística si es observado desde lo alto. Éste es el caso de las imágenes obtenidas en la misión Landsat de la Nasa, donde se recogen fotografías espectaculares del planeta. Ahora, esta agencia norteamericana va a difundir algunas de estas imágenes a través de los sellos, para que estén al alcande de todos. Es, pues, arte en formato diminuto viajando por todo el país y que llega a las casas de los ciudadanos.


Enlaces relacionados:

sábado, 22 de septiembre de 2012

Las mejores fotografias del universo

 
 
 
 

Fuente: El Confidencial. Las mejores fotografias del universo.

Observatorio de Greenwich

Retorno a Brideshead


    "Wilcox se alegraba de nuestro interés; le pedimos que nos subiera botellas de cada uno de los arcones y, durante aquellas tranquilas veladas con Sebastian, descubrí realmente el vino, sembrando así la semilla de una rica cosecha que me procuraría consuelo durante tantos años estériles. Nos sentábamos él y yo en el saloncito pintado, con tres botellas abiertas sobre la mesa y tres vasos delante de cada uno. Sebastian encontró un libro sobre el arte de catar vinos y seguimos sus instrucciones al pie de la letra. Calentábamos ligeramente el vaso a la llama de una vela, llenábamos tres cuartas partes, haciamos que el vino se arremolinara, lo sosteniamos cariñosamente entre las manos, lo levantábamos hacia la luz, aspirábamos su aroma, y tomábamos un sorbo, llenándonos la boca, haciéndolo pasar por encima de la lengua, y chasqueando ésta contra el paladar como quien echa una moneda sobre el mostrador. Inclinábamos la cabeza hacia atrás y dejábamos caer suavemente el líquido por la garganta. Luego haciamos comentarios sobre el caldo mordisqueando unas galletas Bath Oliver, y pasábamos a otro vino; volvíamos a probar el primero, y luego otro, hasta que los tres vinos iban circulando, se confundía el orden de los vasos y confundiamos la identidad de cada vino. Nos pasábamos los vasos uno a otro hasta reunir seis, algunos con vinos mezclados, pues habiamos equivocado una botella. Entonces había que volver a empezar con tres vasos limpios cada uno y, al tiempo que las botellas se vaciaban, nuestras alabanzas se tornaban cada vez más exóticas:
- ... un vinito tan tímido como una gacela.
- Como un duende.
- Moteado, como el prado de un tapiz.
- Como una flauta que se tañe junto a tranquilas aguas.
- ... y éste es un vino viejo y muy sabio.
- Un profeta en su cueva.
- ... y éste un collar de perlas sobre un cuello blanco.
- Como un cisne.
- Como el último unicornio.
Y dejábamos la luz dorada de las velas del comedor para salir a la noche estrellada y sentarnos sobre el borde la fuente, refrescando las manos en el agua y escuchando medio borrachos su chapaleo y gorgoteo entre las rocas.
- ¿Crees que deberiamos emborracharnos todas las noches? - preguntó Sebastian una mañana.
- Sí, yo creo que sí.
- Yo también lo creo."

 Evelyn Waugh. Retorno a Brideshead. Capítulo 4 (4)